Repasé mis pestañas con el rímel. Una fina raya negra bordeaba mis ojos y mis pómulos estaban ligeramente sonrojados. El pelo castaño caía libremente por mi espalda, por encima de una camiseta azul oscuro con un dibujo en negro. Unos jeans desgastados y unas botas militares negras completaban mi vestuario. Me miré al espejo una vez más y salí de la habitación. Fui a la cocina donde me encontré a mi madre preparando el desayuno y a mi hermano pequeño Max sentado en una de las sillas que habían al rededor de la mesa con un bol lleno de leche y cereales delante de él.
-Buenos días cariño- me saludó mi madre.
Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla.
-Buenos días, mamá.
Me senté al lado de Max. Este tenía un libro sobre el regazo que no paraba de leer en ningún momento. Me ponía de los nervios: nunca saludaba, si hablaba era para mandarme a callar mientras leía o para quitarme el mando de la tele. En resumen, era el típico hermano pequeño pesado.
Me comí el desayuno callada. Como siempre en casa el ambiente era tranquilo y silencioso. Yo odiaba eso. Me gustaban los lugares llenos de gente, con ruido y jaleo.
Terminé rápido, me despedí de mi madre y mi hermano, cogí mi mochila y salí a la calle. Solo tuve que andar un par de manzanas hasta llegar al instituto. Era un enorme edificio de ladrillo con un campo de fútbol y un gimnasio. También había una cafetería donde comíamos al mediodía y un teatro que usábamos para las clases de interpretación y música.
Llegué a mi clase, un aula de paredes verdes con varias mesas agrupadas de dos en dos, que estaba ya casi llena. Kat me saludó desde su sitio y yo le devolví el saludo mientras me sentaba en el mío. Estaba al lado de un chico bajito, con cara redonda y voz aguda. Aquel chico ponía de los nervios a cualquiera (y si no lo he mencionado antes, yo me pongo de los nervios con mucha facilidad). El profesor entró en clase y comenzó a explicar el descubrimiento de América. Menos mal que ya es Viernes. La semana se me había pasado volando; el Domingo habíamos llamado a primera hora de la mañana para ver si habían encontrado en el estadio la cámara que había perdido el día anterior. Pero no habían encontrado nada. Ya la había dado por perdida. Algunas amigas que también habían ido al concierto me habían ofrecido pasarme sus fotos. Yo las había aceptado, pero en el fondo sabía que no era lo mismo. El resto de la semana había sido la misma semana aburrida de clases de siempre.
Un pitido me sacó de mis pensamientos. El telefonillo de la clase estaba sonando insistentemente. El profesor paró su explicación y lo atendió.
-Sí, hola. -un silencio- Está bien. Ahora la mando para allá. Adiós.
Colgó el telefonillo y dijo:
-Verónica Jones, vaya al despacho del director.
Todos se callaron, cómo no, para hacer el momento más incómodo. Miré a Kat, que estaba tan sorprendida como yo. Me levanté y salí de la clase.
[Narra Justin.]
Casi una semana había tardado en encontrar el instituto de Ronnie. Sí, la chica, la OLLG, se llamaba Ronnie, me lo había dicho Omar. Había visto las fotos de su cámara, y había unas delante de la puerta de un instituto con otra chica de ojos claros y pelo negro, seguramente de la mañana del concierto ya que llevaba la misma ropa. Le había contado todo a mi mejor amigo Ryan Butler, y él me había ayudado a encontrar en instituto de las fotos.
Y aquí estábamos ahora, en el despacho del director esperando a que Ronnie viniera.
-¿Qué le vas a decir cuando venga? - preguntó Ryan.
-No sé. Le voy a devolver su cámara y lo que surga- dije dando vueltas con la silla del director. Ryan estaba cotilleando unos papeles que había sobre el escritorio. Creo que eran unos exámenes.
-¿Por qué no te escondes detrás de la puerta y le das una sorpresa cuando entre? Eso les encanta a las tías.-Dijo sin mirarme.
Consideré la propuesta pero no me dio tiempo a contestarle porque justo en ese momento sonaron unos golpes en la puerta.
-¿Hola? ¿Director Finnick?- se oyó una voz al otro lado de la puerta.
Es ella. Me puse nervioso sin saber por qué.
Le hice señas a Ryan para que espabilara y dejara los exámenes en su sitio y yo corrí a situarme al lado de la puerta en un ángulo que, al entrar por ella, Ronnie no me viera, como Ryan me había sugerido.
-Entra- dije.
La puerta se abrió y vi cómo aquella chica morena en la que llevaba días pensando entró en el despacho.
[Narra Ronnie.]
Las manos me sudaban y mi cerebro iba a mil intentando recordar algo malo que hubiera hecho esa semana. Llegué a la puerta del despacho. Mi corazón iba a mil por hora. Por favor, que no me haya metido en ningún lío. Ya tenía bastante con todos los que había tenido este año. Respiré hondo y llamé a la puerta.
-¿Hola? ¿Director Finnick?
Oí a alguien moviéndose al otro lado.
-Entra- respondió una voz.
Agarré el pomo y empujé la puerta. No pude ver nada porque nada más entrar unos manos me taparon los ojos y una voz que ya conocía me susurró una vez más al oído:
-Te he echado de menos, shawty.

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